No sé qué es lo mejor para mí


I want out / To live my life alone / Leave me be / To do things on my own / To live my life and to be free —
Helloween – I want out

Fui a ver Todos queremos lo mejor para ella (Tots volem el millor per a ella, Mar Coll) un miércoles. La pasaban en la Sala Berlanga, en Madrid, como parte de un ciclo que pretende recuperar lo mejor del cine español de 2013. Ojo, recuperar. Del 2013. Estamos en abril de 2014 y yo no sé cómo leer de manera positiva ese planteamiento. El ciclo sigue adelante y cuesta tres euros cada pase, que además va precedido de una pequeña presentación, así que es de obligada recomendación.

Ese mismo viernes, dos días después de ver la película, se acabó el contrato de mi último trabajo. No hubo renovación pero sí lamentos comprensibles de gente que me aprecia y quiere lo mejor para mí. A mí, sin embargo, me pasa un poco como a Geni, la protagonista de la película, que no tengo ni idea de qué es lo mejor para mí. 

Geni me gana, sin embargo, en saber qué es lo que no es lo mejor para ella. Volver a la vida que tenía antes de sufrir un accidente de trafico que la ha cambiado completamente, cuya secuela visible es una cojera y cuya secuela invisible es su cambio de mentalidad, definitivamente, no lo es. Trabajar en algo respetable, hacer caso a los doctores o tener en cuenta el paternalismo de su marido tampoco lo es. Plegarse a lo que los demás quieren que haga con su vida está a años luz de ser lo mejor para ella.

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Me dijo Carmen G. Magdaleno en Twitter que, para ella, esta había sido la mejor comedia negra del año. El humor de Todos queremos lo mejor para ella es de tanatorio, de funeral, sombrío pero efectivo y necesario.

Una de las escenas que más gracia me hizo es esa en la que la hermana de Geni le echa una mano para rehacer su curriculum. Geni pasa bastante de todo y, mientras tanto, su hermana le va preguntando cosas que si es apasionada, perfeccionista, que si trabaja bien bajo presión… y, al mismo tiempo, ella va explicando que ni es apasionada, ni es perfeccionista ni trabaja bien bajo presión. La hermana de Geni es la trabajadora que ahora parece que nadie busca y es esperanzador ver que hay gente que no es proactiva ni dinámica y que, bueno, no pasa nada por no serlo.

El tema del trabajo planea todo el tiempo el tiempo por la película y resulta angustioso ver cómo ese es uno de los indicadores de lo bien que está una persona, de lo curada que está después de un trauma, de lo válida (en contraposición con inválida) es.

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Todos los personajes de Todos queremos lo mejor para ella quieren lo mejor para la protagonista, incluyendo a la protagonista misma, pero ninguno sabe qué es exactamente lo mejor para ella.
Ese es el drama. La luz al final del túnel es que Geni, por lo menos, decide poner remedio a su situación, aunque sea de una forma poco ortodoxa, saliéndose de los caminos que se trazó antes del accidente y los caminos que otros le quieren trazar después del accidente, para buscar otra forma de vivir, otra forma de enfrentarse al día a día, otro sitio, no el sitio que ella pensaba que le correspondía sino otro diferente. Geni es agente activo. Aunque no sabe torear, coge el capote y se lanza al ruedo porque la única salida que le queda es la huida hacia adelante.

El dramatismo de Todos queremos lo mejor para ella esconde, o tampoco lo esconde tanto, un optimismo feroz y unas ganas brutales de romper para construir, de desligarse para ligarse, de poner en tela de juicio para poder avanzar. Al final de la proyección, lo que apetece es salir corriendo con muchas ganas, con cojera o sin ella, para alejarse de todo lo que no es mejor para mí.