Los hombres son de Altair IV, las mujeres de Betelgeuse

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                                                                                                                                                              Laura @gaelx

La última frontera es la reproducción humana. La ciencia ficción feminista suele atreverse a cuestionar todo, pero exceptuando anomalías como el relato ‘Hijos de sangre’ de Octavia Butler, no trata este tema de manera sistemática. Uno de los subgéneros que con mayor profundidad abordan las relaciones entre los sexos es el que retrata sociedades en las que hombres y mujeres viven de forma segregada. Son novelas con una pronunciada mirada antropológica que, mostrando formas alternativas de hacerlo, visibilizan la arbitrariedad de nuestra organización y reparto de roles entre los sexos.

En su vertiente distópica, destaca El cuento de la criada (1985) de Margaret Atwood, donde las pocas hembras fértiles son utilizadas como incubadoras humanas por parte de los matrimonios de la clase dominante. En esta retrato de un gobierno integrista puritano, los mundos de hombres y mujeres están férreamente separados pero también los de las mujeres en posiciones de poder y las desposeídas de hasta su nombre e identidad.

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En la pionera El país de ellas (1909), Charlotte Perkins Gilman imagina un mundo donde los varones no son necesarios ni siquiera para la reproducción, ya que las mujeres han desarrollada la capacidad partenogenética. En La puerta al país de las mujeres (1988) de Sheri S. Tepper, la continuidad de la especie en una sociedad donde las mujeres viven intramuros y los hombres lo hacen en regimientos militares exteriores se resuelve mediante unas fiestas rituales de apareamiento. En Círculo de espadas (1993) de Eleanor Arnason la solución es la reproducción asistida.

Esencialismo feminista

El Pueblo [alienígena hwarhath] cree que los hombres son violentos por naturaleza y… ¿cuál es la palabra? Jerárquicos por naturaleza. Están obsesionados con el frente y la retaguardia, con la idea de ganar y perder. Si se les deja obrar por su cuenta, intentarán dominar cualquier situación. Infringirán daño físico. (…) En la medida de lo posible, el Pueblo intenta mantener a los hombres lejos de casa. No quieren que sus mujeres y sus niños tengan miedo. Piensan que el miedo constante no es saludable, aunque sea leve, como el hecho de no saber cuándo alguien de tu familia, el tío, el hermano mayor, o quien sea, va a estallar o a empezar a dar golpes.”

Este argumento, el del pacifismo intrínseco a la naturaleza femenina frente al belicismo masculino, está presente en muchas de estas novelas. Tanto en Círculo de espadas, de donde procede la cita anterior, como en Lengua materna (1985), de Suzette Haden Elgin, los hombres ostentan el poder político pero las mujeres de los diferentes clanes mantienen un circuito diplomático extraoficial que contribuye a diluir los conflictos. En la inmensa mayoría de estas sociedades segregadas que retrata la ciencia ficción, las mujeres son sanadoras, lingüistas o maestras pero nunca guerreras.

La rigidez de estos roles elimina la fluidez de los géneros y castiga la diferencia. En Lengua materna la resistencia de la protagonista no se vuelca en la identidad individual sino en la creación de un lenguaje secreto que sirve para dar cuenta de la experiencia femenina. En Círculo de espadas uno de los humanoides alienígenas vive atormentado por un deseo heterosexual (sí, heterosexual) que oculta y no se atreve a satisfacer.

Pero sin duda el aspecto más negativo de este subgénero es la invisibilización del deseo sexual femenino. Lo común en una institución total formada exclusivamente por hombres o por mujeres es la homosexualidad. En Círculo de espadas se produce una brecha de lo más curiosa: una de las principales características de los humanoides hwarhath es que consideran la heterosexualidad una perversión propia de animales incapaces de separar la reproducción del placer. Pero mientras que las relaciones eróticas entre varones forman parte de la trama central de la obra y se describen sus cortejos y encuentros sexuales con todo detalle, nada se nos dice sobre la sexualidad de ellas. Y lo que no se nombra, no existe.