Manos de Topo: “Todo es política en la vida, desde dónde compras los tomates o los pantalones hasta dónde vas a escuchar un concierto”

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                                                                                                                                 Laura @gaelx

 

Soy una perdedora del mismo nivel que el protagonista de las canciones de Manos de Topo. No supe de su existencia hasta 2012, años después de que provocasen una pequeña gran convulsión en el panorama indie patrio (se dice así, ¿no?) con Ortopedias Bonitas (Sones, 2007). El debate giraba en torno a sus originales letras y, sobre todo, a la histriónica, melodrámatica y peculiar forma de interpreter de Miguel Ángel Blanca.

Nunca estaré lo suficientemente agradecida a esa chica en avanzado estado etílico con la que intenté ligar una noche en un bar de Donosti. Como si en una canción del grupo se tratase, ella se mostró totalmente indiferente a mis acercamientos y sólo acertaba a decir, entre hipo y resbalón, “¡Ingrid! ¡Manos de Topo! ¡Lo mejor del mundo!”

El pasado 28 de enero charlé por teléfono con el cantante del grupo, que este viernes presenta nuevo disco en la sala Sol de Madrid. Como de indie sé más bien poco y lo de que generan amor y odio a partes iguales ya está muy dicho, le pregunté por temas infinitamente más interesantes, como la situación social y política y las relaciones entre hombres y mujeres.
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Entre vuestro anterior disco (Escapar con el Anticiclón, enero de 2011) y este (Caminitos del deseo, noviembre de 2014) han pasado muchas cosas en el panorama social y cultural. ¿Os ha afectado de alguna manera?

Por supuesto. Cualquier persona que se dedica a la cultura y diga que no le afectan los cambios sociales o miente o es que no se dedica a esto. Creo que es inevitable hablar del contexto, no se puede obviar. Por ejemplo, cada vez resulta más complicado hacer giras o grabar un disco.

El último disco es menos irónico ¿habéis girado hacia la épica desde el cinismo?

Manos de Topo siempre ha sido una especie de terapia para poder hablar libremente y reflexionar sobre una serie de conflictos que nos afectan cotidianamente, en lo sentimental o social. En este último disco la manera de abordarlo ha sido quitándole hierro a estos asuntos, faltándole al respeto a todo. No hay nada intocable, de lo que no nos podamos reir, ni en los momentos buenos del amor ni en los fracasos vitales. Por supuesto el contexto social influye y, además, nos hacemos mayores y ya no sólo nos preocupan las cosas más íntimas.


¿Qué tal ha sido la experiencia de autoproducirse? ¿En vuestro caso la autogestión os ha proporcionado más libertad o sólo más curro y autoexplotación?

Las dos cosas. Los Caminitos del Deseo habla de hacer las cosas a tu manera, de tomar tus propias decisiones. Y eso pasa también por la autogestión. Después de unos diez años en este mundo hemos conocido cómo funcionan las cosas y nos hemos visto con las fuerzas necesarias para eliminar intermediarios. Siempre nos hemos sentido muy cercanos y cómodos con la gente que nos sigue a través de las redes sociales. Tenemos una persona que nos ayuda con la promoción y el management pero nos encanta responder a los mails o enviar discos.


El videoclip de Bragas Bandera condensa de forma muy gráfica el estilo de mujer sobre el que habláis. ¿Quién es el creador?

Lo ha realizado nuestro amigo Alberto Blanco, de Crudo Films. Escuchó la canción y le encantó su tono tristón pero que no pasa por la super tragedia. Realmente es el tema más triste que hemos hecho pero el videoclip le da un toque de frivolidad muy interesante. Utilizar el culo como arma desmonta todo el drama.

 

Aunque vuestras letras son muy sugerentes no hay unos referentes evidentes. ¿En qué te inspiras para crearlas?

En el grupo escuchamos cosas muy diferentes. Y no somos unos empollones musicales. Ahí también se plasma la libertad de la que habla este disco, que cada cual sigue su camino. No es necesario demostrar que eres el que más sabes de música. En realidad nos dedicamos al cine y al mundo audiovisual y eso sí que nos influye, especialmente en el tono sórdido. Me gustan las cosa que son muy duras pero tienen un punto que te hace reir. Por ejemplo, últimamente estoy obsesionado con Ulrich Seidl, un director austríaco que ha rodado una  historia tremenda sobre una mujer europea de 50 años que se va de turismo sexual a Kenia. Imagínate.


¿Dirías que vuestras letras son más costumbristas o surrealistas?

Hablamos de cuestiones cotidianas que le pueden pasar a cualquiera pero dándole un tirabuzón esperpéntico. Hablamos de bragas, vaginas, sábanas… cosas muy sencillas pero de las que habitualmente no se habla en la música. Hay gente que se escandaliza de que hablemos de vaginas y nos pregunta que cómo podemos hablar de ellas. Pues, que yo sepa, hay tantas vaginas como pollas.


El estereotipo de mujer que aparece en vuestras letras es muy peculiar ¿Qué opinan tus amigas de ellas, se ven reflejadas?

Al principio de nuestra trayectoria nos acusaron alguna vez de misoginia y a mí, sinceramente, me sorprendía mucho. Creo que lo que reflejamos en nuestras letras es todo lo contrario. Queda claro que para nosotros lo más importante del mundo son las relaciones personales, es por donde pasamos todo. Sí, nos enfadamos y frustamos, especialmente hace unos años, por nuestra incapacidad para encandilar a las mujeres que nos gustan. Ahora hemos dado un giro y, como decían los Ramones, este disco va más de “primero tú y después el mundo”.


¿Qué tal te cae el personaje del perdedor autoindulgente que protagoniza vuestros temas? ¿Lo aguantarías de cañas, como amigo?

Sí, claro. Es un perdedor pero simpático, que se ríe de sí mismo. Los que dan mucha rabia son los que son incapaces de levantarse. Es inevitable llorar un poco por los 50 sueños que teníamos por cumplir hace años y no hemos sido capaces de realizar.


Y ya para acabar tres preguntas concretas. ¿Has leído el libro de Víctor Lenore, Indies, hipsters y gafapastas (o alguna de las múltiples entrevistas)? ¿Qué opinas de su diagnóstico del indie?

Conozco el argumento, sí. Mira, desde Cataluña hay dos temas que me parecen un poco cansinos, que ya no dan más de sí, y son la independencia y el debate sobre lo hipster. Sí, es algo que está ahí y puede que tenga razón en muchos aspectos pero, sinceramente, me interesaría mucho más un libro que analizase la subcultura heavy. La verdad es que me sorprendió que hubiese tanta polémica.


¿Qué opinas de la politización de figuras como Nacho Vegas? ¿Es contagioso o van por libre?

Si hablar de política en la música indie es un hype pues bienvenido sea. Aunque sea una moda es algo muy importante y que siempre va a dejar algún poso. De hecho en este disco hablamos de política, pero no en términos de izquierda y derecha o anticapitalismo y neoliberalismo sino de la política de la vida cotidiana. Es que todo es política en la vida, desde dónde compras los tomates o los pantalones hasta dónde vas a escuchar un concierto. Estoy convencido que no es necesario hablar de política para hacer política. Por ejemplo, la autoedición de este último disco es una decisión política. Me parece estupendo que Nacho Vegas haga esto si con ello consigue que la gente sea más consciente de lo que está pasando, que es gravísimo y no podemos dejar que vuelva a pasar.


Encuentro algunas conexiones entre cómo se plasman las relaciones entre hombres y mujeres en vuestras letras y en la películas de Carlos Vermut. ¿Las has visto? ¿Qué te parecen?

Carlos Vermut es para mí un referente porque ha hecho siempre lo que le ha dado la gana y, aún así, ha conseguido un reconocimiento. En todos los ámbitos creativos llega un momento en que parece que hay que ceder o ser condescendiente. Él es un ejemplo de cómo se puede seguir tu caminito del deseo y salir victorioso. Personalmente me pueden parecer más o menos interesantes sus películas pero ese mérito es indiscutible. En nuestro caso claro que hemos seguido consejos pero nunca hemos cedido a las concesiones. Cuando empezamos mucha gente, con la mejor intención, me decía que no cantase así, que no le iba a gustar a nadie.