El miedo se viste de hipster

Laura @gaelx

Una chica vuelve a casa sola por la noche sobre un monopatín con un chador. Una chica sale corriendo de su casa en tacones y minishort. Lo millennial ha llegado al cine de terror.

La trama de It Follows (2015), de David Robert Mitchell, entronca firmemente con elementos clásicos del género: una maldición sobrenatural de la que no conocemos su causa ni sus intenciones, que afecta a adolescentes y se transmite mediante las relaciones (hetero)sexuales.

Las críticas la han bautizado como terror indie y se está convirtiendo en el fenómeno cinematográfico del año. Con un presupuesto de 2 millones de dólares, inicialmente se estrenó sólo en 4 salas de Estados Unidos y, ante el éxito fruto del boca-oreja, dio el salto a otras 1.600. La alabanza unánime se dirige a la originalidad a la hora de combinar influencias, especialmente de la obra de John Carpenter y de las cintas de terror asiáticas en la estela de Ringu.

Curiosamente nadie ha citado a Las vírgenes suicidas entre las influencias. Los 15 primeros minutos, durante los que Jay -la protagonista interpretada por Maika Monroe- todavía es virgen, comparten con la película de Coppola el filtro de luz, la relación entre hermanas, el ambiente idílico-abúlico de zona residencial en verano y la rubiez de la protagonista.

Captura de pantalla 2015-05-30 a la(s) 7.37.03 PMPánico bajo el agua, un clásico del cine de terror (It Follows)

Y es que otra constante del género es que las víctimas de los horrores del más allá (y del más acá) suelen ser mujeres y, muy probablemente, rubias, jóvenes y acomodadas. Por supuesto, existen notables excepciones, como algunos relatos de Clive Barker recogidos en Los libros de sangre, en donde el escritor británico y activista por los derechos LGTB aplica una mirada erotizante a los cuerpos masculinos descuartizados.

Los planos secuencia, el uso del sonido y la banda sonora, los diálogos, los detalles a los que se dirige la mirada… hacen de It follows una interesante apuesta por una nueva estética ajena hasta el momento al cine de terror que no implica ningún cambio de fondo.

La vampírica A Girl Walks Home Alone at Night (2014) es igualmente estetizante. Por momentos parece que fue antes el diseño y fotografía que el guion. Aunque se ha vendido como “el primer western de vampiros iraní”, lo cierto es que su directora Ana Lily Amirpour está totalmente afincada en Estados Unidos y la cinta está producida por VICE films.

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Fue Jim Jarmush quien, en 2013, inició el camino arty para los vampiros con Only Lovers Left Alive. Pero A Girl Walk… , además del blanco y negro en alto contraste, incluye elementos novedosos poco habituales en las películas del género:

  • Está ambientada en los arrabales de una ficticia ciudad industrial iraní, con barrios pobres y problemas de paro. Nada de barrios residenciales ni cabañas de lujo en el bosque.
  • La protagonista es una vampira con chador que va en monopatín, se pinta los labios de rojo, le gustan los gatos y escucha vinilos de música pop. ¿Se puede ser más hipster?
  • Incluye apuntes casi de cine social, como la adición a la heroína, la prostitución y la mafia.
  • Utiliza la banda sonora como un elemento narrativo más y mezcla piezas de pop-rock internacional con otras con un fuerte toque persa.


El nuevo cine de terror deja a un lado los simples alaridos y se vuelve simbólico. En lugar del susto repentino en el público, busca generar atmósferas inquietantes y personajes realistas. La ambientación sonora se reinventa más allá del chirrido estridente.  Las mujeres, sin dejar de aparecer en ropa interior y cubiertas de sangre, se suben al carro del girl power. Esta nueva hornada de terror indie es exactamente lo que estaba pidiendo el género y los tiempos. Sólo tiene un defecto: no da miedo.